UN SOPLO DE ESPERANZA
¿Quién piensa en enfermar
gozando de salud y fortaleza?.... pues seguramente nadie. En ese
caso tenemos la impresión de ser inmunes. Pero el organismo
humano es una maquinaria, eso sí, muy compleja. Y como todas las
máquinas se deteriora con el paso de los años. Si además es
sometido a situaciones adversas y si se le exige por encima de
sus posibilidades, comenzará a ocasionar problemas.
Esto es lo que ocurre en el caso del acoso laboral. El organismo
ha estado sometido a situaciones muy adversas, de modo continuado
y sin posibilidad de relajarse. Aunque la persona tenga una gran
fortaleza, su organismo se resentirá, también sus ilusiones,
expectativas, ambiciones y sus relaciones interpersonales.
Es habitual volverse perspicaz, desconfiado e incluso un poco
paranoico.
Por otro lado, no se encuentran respuestas a preguntas tan
simples como: si yo me esfuerzo y hago mi trabajo con empeño
¿por qué no obtengo recompensas? ¿por qué sólo me llevo
disgustos y desilusiones?. Se necesitan las respuestas para saber
donde esta el fallo.
Si la persona se responsabiliza y se atribuye todo lo negativo
que ocurre en su vida, con mucha probabilidad desarrollará un
trastorno depresivo.
Por el contrario, puede volverse extremadamente cautelosa y
llegar a desconfiar hasta de sus seres más cercanos y queridos;
con lo que estará adoptando una actitud de tipo paranoide.
Estos serían dos extremos a los que puede llegar una persona víctima
del acoso laboral.
Pero como sabéis, aún hay más. Cada avance que se pretende
para defenderse o enfrentarse a la situación, suele estar
mediatizado, ser anulado o bloqueado por el acosador. Esto puede
conducir al abatimiento y consecuentemente a dejar de realizar
actividades que antes producían bienestar personal. Ya no
existen gratificaciones desde el ámbito laboral y también
comienzan a limitarse las personales. Se huye de las relaciones
interpersonales porque no apetece estar con amigos ni con la
familia. Se evita estar con gente pero la soledad también abruma.
Las aficiones se dejan a un lado. Hasta el privilegio de dormir o
comer bien, llega a perderse. Se puede padecer hipersomnio o
insomnio; perder el apetito o comer compulsivamente.
Estos síntomas son indicadores del comienzo de un deterioro,
tanto a nivel orgánico como psíquico. Pero este deterioro no es
sinónimo de catástrofe ni de irreversibilidad.
Cuando tenemos frío tiritamos, pero esto no conduce a la
hipotermia si prestamos atención a la señal y nos abrigamos
adecuadamente.
Lo mismo ocurre con la tristeza, la angustia, la ansiedad o los
miedos; son señales que avisan para que busquemos los recursos
adecuados que nos permitan conservar el equilibrio psicológico.
La situación de acoso laboral va afectando poco a poco, de modo
progresivo. Los síntomas derivados por sufrir mobbing aparecen
de forma gradual y pocas veces se les presta la atención
adecuada, hasta que ya se hacen muy evidentes o se manifiestan de
modo virulento.
Una vez afrontado el problema del acoso, ocurre algo parecido con
la recuperación del bienestar. Será un proceso lento, gradual y
no siempre en sentido ascendente. Se va recuperando la normalidad
siguiendo un ritmo cíclico, a modo de dientes de sierra. Es
decir, un día se puede estar más o menos bien y al día
siguiente estar muy mal, después muy bien y otro día peor,
después mejor
pero se van acortando las diferencias entre
días buenos y malos, suavizándose cada vez más hasta conseguir
aquello que se había perdido y que parecía imposible de
recuperar: la normalidad y el volver a ser uno mismo, con
virtudes y defectos.
La ansiedad es el síntoma que más tarda en desaparecer
completamente, porque cualquier situación percibida como
aversiva la vuelve a disparar aunque sólo sea momentáneamente.
La depresión adecuadamente tratada con la ayuda de profesionales
especializados, una vez superada es muy difícil que vuelva a
reaparecer. Si bien suele ser frecuente que un momentáneo
bienestar lleve a abandonar los tratamientos (terapéuticos y/o
farmacológico) y existan recaídas antes del total
reestablecimiento.
Cuando se goza de bienestar
¿quién piensa en la desgracia?.
Cuando se sufre
¿quién no cree que esa situación se haya
vuelto eterna y que la alegría y el entusiasmo sean sensaciones
que no volverán a reaparecer?
Aunque cuando se esta acosado y aún habiendo afrontado el
problema se piense que nuestro caso no tiene solución o que ya
nunca nos recuperaremos de este mal, os aseguro que no tiene por
qué ser así.
Cada día supone un nuevo reto. Repetiros a menudo, momento a
momento y minuto a minuto: Voy a buscar las herramientas
para volver a coger las riendas de mi vida, porque en la
madriguera puede que se esté calentito y cobijado del acecho de
depredadores, pero ahí dentro no se goza de la luz del sol
¡Esa luz esta fuera!
Lola Reguera
Psicóloga Clínica