Macu Álvarez.
Profesora de Modelos de
Medios de Comunicación de la Universidad del .País Vasco./EHU
(Noviembre-2002)
Sería necesario saber cómo se explica la aparición, profusión o destape del mobbing en este presente histórico. Qué pasa con el lado social de los Seres Humanos. ¿Tendrá algo que ver el momento de transición que se puede observar a otros niveles de interacción social?. ¿Cómo es posible que vayamos eliminando sujetos activos y diferenciados, claramente diferentes?. ¿Por qué?. ¿Cuál será el siguiente paso?. ¿Se han parado a pensar en el acoso psicológico laboral, en el acoso moral, en el también denominado psicoterror-laboral?.
Me asombra la rapidez de los Inspectores de Trabajo y los Jueces en aceptar el concepto. Y sólo encuentro un argumento como respuesta: porque lo ven como un fenómeno claro y peligroso. Son dos profesiones más bien integradas, ¿no?.
Sin embargo, me cuesta creer la lentitud del análisis en los médicos, psicólogos, psiquiatras, sindicalistas, políticos, sociólogos, ciudadanos, trabajadores, empresarios, gestores de lo público, amigos, familiares..., en comprender. Aunque sólo sea por el coste económico que está ocasionando a la sociedad; y, aunque sea, por los beneficios que reporta a empleadores que usan o permiten el acoso como una estrategia de eliminación de puestos de trabajo, y no sólo de trabajadores señalados y estigmatizados.
También me admira la brillantez de los expertos repentinos que he visto en las jornadas a las que he asistido, de forma profusa, (UPV, Bilbao, Sevilla, Madrid, Santiago de Compostela).
He encontrado expertos en lamentaciones: todos aquellos que dicen no poder hacer nada, no implicarse. Ejemplo: los médicos de cabecera. A pesar de que el paciente, superando la vergüenza infinita, le confiesa que tiene problemas en el trabajo, de relación profesional, y que no puede dormir, que llora, que -incluso a veces, piensa que se ha vuelto paranoico y obsesivo... Y que no sabe por qué!!!. El médico de cabecera o médico de familia, otorgará la baja con el diagnostico ‘depresión’, sin, por supuesto, relacionarlo con el ambiente laboral. ¿Por qué no lo incluyen en su vademécum?.
He encontrado expertos teórico-científicos-académicos que, contagiados del envoltorio que proporciona el diseño, y celosos del desarrollo de la ingeniería, recetaban, contra el mobbing, trabajo en grupo con música.
Al único experto que conozco con capacidad y conocimientos para dirigir una reflexión multidisciplinar, le sobrepasa el trabajo. Necesitaría más ayuda. Estos días saldrá entrevistado, teniendo que responder casi con monosílabos, en todos los medios de comunicación del País Vasco. Estén al tanto si les interesa el mobbing ese, tan de moda. Es Piñuel y Zabala. Se le llama de todos los foros, para todas las jornadas. Y es que es necesario.
Contar con Hirigoyen, la psiquiatra, autora de “El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana”, (Paidós, 1999), donde nos advierte que el acoso psicológico también se da en la pareja, en la familia, sería un lujo. Y si se les uniera González de Rivera, M. José Blanco, Molina Navarrete, Lidia y muchos otros, se podría ayudar a las víctimas del mobbing.
Víctimas que, es curioso, aún estando machacadas psicológicamente, -pero machacadas, sin defensas, han sabido preocuparse por sobrevivir, agruparse, razonar, escuchar, intentar comprender..., luchar.
Porque no se resignan con su papel de víctimas. Porque intuyen que son opciones de vida, de filosofía, de ética personal y social. Y que tiene algo que ver con conceptos como valores, principios, actitudes. Con, y sé que es resbaladizo, dignidad.
En un año, más o menos por ahora, se produjo el boom de la información en castellano, sobre acoso psicológico o moral como le gusta a Hirigoyen (porque incluye la noción de lo que es peligroso para el ser humano, como humano y como ser). A partir de ahí se ha conseguido divulgar el acoso en el trabajo, aunque los medios de comunicación de masas, incluso los escritos, siguen miopes a la hora de analizarlo e informar, y continúan empeñados en pedir ‘historias personales’.
No parecen sentir curiosidad por el fenómeno, sólo les interesa ‘llenar’ con lo tópico. Tristeza. Porque son fundamentales, y porque el acoso también se da en la empresa informativa. E informar no es sinónimo de trivializar, sino de comprender, profundizar, contrastar y transmitir. Se les ofrece, desde las asociaciones anti-acoso, la posibilidad de hablar, de leer sobre el tema; pero, si no consiguen la historia, el testimonio en directo, se repliegan.
Los sindicatos, cuando se encuentran con el problema en sus afiliados, hacen cruces; todos. Reaccionan como los políticos, aunque, afortunadamente, son menos disciplinados. Y se atienden, aunque a duras penas, casos individuales de trabajadores, que sirven de denuncia.
Y es que, en realidad, reaccionan como el resto de la sociedad cercana a las víctimas, a quienes les cuesta creer que haya ‘malas personas.’ No ya personas cuya coctelera les muestre como ambiciosas, trepas, egoístas, insolidarias, sino que sean malas personas. Que disfruten haciendo daño, perversos cazadores de personas de naturaleza confiadas.
Son los y las acosadores-acosadoras. Hirigoyen define el gremio con un perfil psicológico claro, rotundo, y que asusta: el del psicópata asesino en serie. Quién, además, se rodea de un grupo que babea ambición, egoísmo e insolidaridad porque callan, azuzan, se benefician y colaboran conscientemente.
Y no sucede nada. Se asumen vagos compromisos en un entorno político que suena a declaración de principios virtual, dentro de lo políticamente correcto. Y con contradicciones tan claras como que el mismo partido que lidera el compromiso en una Comunidad, torpedea a nivel estatal iniciativas parlamentarias que presionan para fijar la atención en el acoso psicológico laboral, en el acoso moral.
Y nada más. No hay coordinación. Se sigue discutiendo sobre si hay suficiente legislación como para afrontar el mobbing o si es necesario definir el problema legalmente y otorgarle un rango especifico, como con el acoso sexual. Si es mejor que los funcionarios vayan por lo Contencioso-Administrativo o tiren por el Código Penal.
Cataluña ha decidido que tres Inspectores de Trabajo se especialicen en mobbing. Y se agradece la atención dada al problema. Sin embargo, si estos días se fijan en las cifras de afectados, se darán cuenta de que tres inspectores, es totalmente insuficiente. Y eso que es la única Autonomía que ha decidido actuar con recursos concretos.
El fenómeno cuenta con historia, legislación y lucha de décadas en países concienciados y sensibles –en ese aspecto-, como Suecia. ¿Por qué nos cuesta tanto entenderlo aquí?. La Comunidad Europea lleva años alertando y recomendando a los países miembros que elaboren un Libro Blanco, que estudien el Mobbing; pero, como sólo recomienda...
Escuchen con paciencia a sus personas cercanas. Esas que se lamentan con el trabajo, con el que parecían disfrutar un día. Las que están obsesivas y obsesionadas porque no entienden cómo y por qué se han convertido en blanco de las hostias. Puede que ya estén somatizando dolores, diagnósticos; o que piensen en abandonar, en irse de su lugar de trabajo. Reconocerá a esas personas por un caer en la cuenta de que, además, han perdido la carcajada y la sonrisa.
Esas personas, que ya son millones en España, necesitan que salgan preguntas sobre el mobbing, que se reflexione sobre el qué, cómo, cuándo, dónde, quiénes, para qué y por qué.
Porque, quizás, así podamos entender muchas más cosas que ahora, en este presente histórico, necesitamos asimilar y decidir.